Entendiendo lo que siento
Una guía práctica para identificar los estados emocionales de tus hijos
Como padres, muchas veces batallamos tratando de entender a nuestros hijos, sobre todo cuando están en esa etapa en la que hablar se les hace sumamente difícil.
Aprender a identificar lo que sentimos es una habilidad fundamental para la vida y, cuanto antes la desarrollemos, mejor. En la infancia, las emociones suelen aparecer con intensidad y rapidez, pero muchas veces los niños no encuentran las palabras para expresarlas. Acompañarlos en este proceso no solo fortalece su bienestar emocional, sino que también mejora la comunicación familiar y la autoestima.
Debemos partir de entender que las emociones no son buenas ni malas, sino que todas cumplen una función. Los niños aprenden a reconocer lo que sienten a través del ejemplo de los adultos; por eso, nombrar las emociones los ayuda a reducir frustraciones y conductas impulsivas.
Recordemos que los adultos somos los padres. Validar lo que sienten en este proceso es muy importante: no validamos el comportamiento, pero sí su emoción. Validar no significa estar de acuerdo, sino reconocer que lo que están sintiendo es real; esto les enseña a aceptar la emoción. En lugar de decir: “No llores por eso”, intenta con una frase como: “Veo que estás muy molesto porque se terminó el juego”.
Cuando un niño logra decir “estoy triste”, “estoy enojado” o “tengo miedo”, ya dio un gran paso. Sin embargo, este avance implica madurez, que llega con la edad y con el aprendizaje. Por eso, queremos darte ideas prácticas para ayudarlos a entender lo que sienten:
- El semáforo emocional
Recorta tres círculos grandes: uno rojo, otro amarillo y el último verde. Utiliza el rojo para emociones intensas como enojo, rabia o miedo; el amarillo para emociones incómodas como nervios, frustración o tristeza; y el verde para emociones agradables como alegría, calma y entusiasmo.
Cuando empiecen el día, pregúntales (con los tres colores en mano) cómo amanecieron. Esto los ayudará a asociar el bienestar con el color verde. Conforme avance el día y vayas notando comportamientos distintos, vuelve a hacer la pregunta. La clave es hacerlo todos los días, hasta que asocien cada emoción con un color.
- Caritas emocionales
En este juego, los emoticones te ayudarán. Imprime caritas con distintas emociones (todas las que consideres útiles), pégalas en una tablita de madera y entrega un juego a cada hijo. Diles que, cuando no sepan expresar lo que sienten, busquen en las caritas la que más se parezca a cómo están en ese momento y te la muestren.
Además de ayudarlos a procesar la emoción, esto los ayudará a ambos a liberar tensión, ya que será un momento divertido.
Recuerda, sobre todas las cosas, que los hijos son un regalo de Dios y te fueron confiados porque Él vio en ti, como padre, a la persona correcta para el desarrollo integral de esas pequeñas vidas.
Debemos imitar la paternidad de Dios. Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Este camino no solo incluye su caminar con Dios, sino también su caminar en la vida. Si formamos niños emocionalmente inteligentes, estaremos formando adultos sanos e integrales.
Por: Vanessa Juárez de Muñoz


