La importancia del ejemplo: cómo nuestras emociones enseñan más que nuestras palabras
El modelo emocional en casa y cómo influye en los hijos
Las palabras con las que educamos y dirigimos a nuestros hijos son importantes, pero lo que más impacta no es lo que se dice, sino lo que se modela. Es decir, lo que observan en ti: la forma en que te escuchan hablar, cómo te expresas de ti y de los demás, y, principalmente, cómo modelas tus emociones ante cualquier situación. Las emociones son un lenguaje con un impacto muy relevante, porque guían el comportamiento y enseñan, muchas veces, sin necesidad de palabras.
Debemos prestar atención a nuestro actuar constante y, sobre todo, procurar que en todo tiempo lo que sentimos, decimos y hacemos vayan de la mano. Esto hará que nuestro ejemplo tenga credibilidad y sea un modelo a seguir.
A lo largo de la vida enfrentamos diferentes circunstancias y mostramos nuestras emociones tanto en los momentos buenos como en los difíciles. En los momentos de alegría, la felicidad brota y causa un impacto positivo; pero es en los momentos malos o de dificultad cuando las emociones suelen aparecer de forma espontánea, mostrando lo que hay en nuestro interior. A veces pueden causar un impacto negativo al instante si reaccionamos mal ante la adversidad. Las emociones que experimentamos con más frecuencia son el miedo, el enojo y la ansiedad, pero, bien canalizadas, pueden llevarnos a hacer algo bueno y beneficiar a quienes están cerca de nosotros.
Mateo 12:33 (RVR1960): “Si tienen un buen árbol, su fruto es bueno; si tienen un mal árbol, su fruto es malo. Al árbol se le reconoce por su fruto”.
En la vida, después de muchos desaciertos, he aprendido a dominar mis emociones, tratando de mantenerlas estables y con la intención de que no solo no me perjudiquen, sino que tampoco causen una influencia negativa en los demás. Sé que en casa tengo dos hijas que me están observando todo el tiempo y para quienes soy su principal ejemplo y modelo a seguir. Ellas observan, aprenden, imitan y actúan; por lo tanto, se vuelve una responsabilidad que debemos cuidar. Un ejemplo sencillo: madre que grita, hija que grita.
Ahora bien, debes tener claro que es válido que tus hijos conozcan de ti esas emociones que aún no están del todo fortalecidas. Hay momentos de debilidad en los que no siempre vas a modelar que todo está bien. Es importante que tus hijos sepan que se puede ser sensible; que es válido estar triste, enojado o frustrado, pero que, en medio de esos momentos, esas emociones no deben causar daño ni afectar su vida.
Recuerdo que, en una ocasión, mi esposo y yo nos sentíamos tristes y desanimados por una dificultad que como familia estábamos atravesando. Les comentamos a nuestras hijas que en ese momento no teníamos buenos ánimos y les pedimos disculpas por tener que vernos en ese estado, pero que iba a pasar. En ese instante, nuestras hijas empezaron a darnos palabras de ánimo, a mencionar las fortalezas que a lo largo de los años han visto en nosotros y a motivarnos con fe, repitiéndonos lo que han escuchado y lo que les hemos enseñado. Fue ahí donde experimentamos que ser vulnerables delante de ellas y canalizar bien esas emociones permitió que nuestras debilidades se convirtieran en fortaleza al escucharlas hablar. No causó un impacto negativo, sino uno positivo: nos hizo sentir una familia unida, donde todos aprendemos.
Si se te ha dificultado dominar tus emociones, o incluso el haberlas gestionado mal ha traído consecuencias negativas a tu hogar, no todo está perdido. Como seres humanos, aprendemos toda la vida: nunca dejamos de conocer y descubrir cosas nuevas, y con nuestras emociones sucede lo mismo. Si hoy estás identificando emociones que necesitas dominar, este es el tiempo de reaprender a gestionarlas y ser intencional en mejorarlas. Pídele a Dios que esa debilidad se convierta en tu mayor fortaleza y que el fruto del Espíritu Santo se desarrolle en ti, recibiendo de Él las fuerzas necesarias para dar pasos de aprendizaje con humildad y fe. Cree que ese cambio te llevará a impactar de forma positiva la vida de quienes te rodean. Todo es posible con Dios de tu lado.
2 Corintios 12:9 (LBLA): “Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí”.
Efesios 4:23 (NTV): “En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes”.
Por: Ligia de Cabrera


