Un regalo de amor y propósito: hijos con capacidades diferentes
El día a día de niños con capacidades especiales es complejo, puede llegar a ser abrumador y la mayoría del tiempo se siente como si fuese cuesta arriba. Existen momentos de agotamiento, de frustración por no saber si lo estamos haciendo bien con ellos; llega la incertidumbre junto con el cansancio emocional.
Sin embargo, los días también son marcados de alegría porque sus fortalezas, sus pequeños logros nos llenan de orgullo y satisfacción. Y justo, esa es la experiencia de paternidad y maternidad, un privilegio por el cual debemos estar agradecidos y debemos reconocer, aun en medio de nuestro agotamiento mental, que Dios nos mandó para cumplir la misión de cuidarlos, amarlos y de aprender junto con ellos.
Mi pequeño tiene superpoderes
Entonces podemos preguntarnos: ¿Cómo vivir felices y agradecidos con Dios por ese regalo? La gratitud supone una transformación interior y el aumento de una perspectiva positiva que te ayudará a enfrentar con valentía las pruebas, además de que fortalecerá tu fe y la de tu pequeño.
La psicología actual enfatiza el potencial, la autonomía y las fortalezas que cada niño con capacidades especiales posee. Así mismo, destaca que estas habilidades son parte de la diversidad humana y que los hace únicos, permitiendo el desarrollo de programas e intervenciones tempranas para una mejor adaptación biopsicosocial.
Un corazón agradecido
Dar gracias implica cambiar nuestra perspectiva, quitándole atención a los retos que nos atraviesan todos los días y enfocándonos en valorar su singularidad y el impacto tan fuerte que tiene la manera en la que nos aman. La gratitud nos enseña a concentrarnos en lo que nuestros hijos aprenden y pueden hacer en lugar de lo que se les dificulta. Y aunque al principio ese puede ser un desafío, aquí te presentaremos cuatro aspectos para cultivar la gratitud:
Primero: Valora la perspectiva única
La discapacidad no define el valor de tu hijo o hija, ni su manera de amar y tampoco la manera en la que ustedes, como padres, pueden devolver ese amor. Al contrario, una nueva perspectiva les ayudará a desarrollar nuevas formas para comunicarse, para relacionarse y para enseñarle.
Segundo: Concéntrate en sus fortalezas
Aprende a observarlo con detenimiento para que puedas identificar con más facilidad su potencial y puedas ayudarle a que también lo vea. Cada día, esfuérzate en recordarle todo lo que hace bien para que construya y reafirme su autoestima.
Tercero: Aplaude sus pequeños – grandes logros
Ten presente que aquellas cosas que parecen un “pequeño triunfo” para él o ella requirieron de un gran esfuerzo; por ende, se trata de algo más grande. Valídalo a través de frases positivas acompañadas de amplias sonrisas, de abrazos, de aplausos y de felicitaciones.
Cuarto: Practica la gratitud consciente
Crea un espacio para hablar o escribir sobre las cosas positivas que sucedieron todos los días. Tampoco te condenes si algo no salió como esperabas, agradece por todo lo que te tocó vivir y aprender de ese día. Recuerda que la gratitud reduce la frustración y que la bondad de Dios permanece constante para traernos paz. En Filipenses 4:6-7 (NVI) dice: No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios… guardará sus corazones y sus pensamientos.
Por último, a pesar de las dificultades que se presentan, nuestro corazón debe dar gracias a Dios cada día, reconociendo que nuestros pequeños fueron creados a imagen y semejanza de Él, diseñados con un propósito divino. Dar gracias es enviar el mensaje correcto a Dios; nos permite entender que Dios decidió que fuésemos nosotros quienes nos encargáramos de darle esa doble porción de amor, de ternura y comprensión a nuestros hijos. Fuimos elegidos tal cual lo dice en su Palabra en Tesalonicenses 5:18 (NVI): Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.
Por: Heidy García Sequen


