EDUCAR EL CORAZÓN
Cómo cultivar la inteligencia emocional desde el hogar
Es en casa que enseñamos a nuestros hijos a vestirse, a comer, a compartir, pero pocas veces les enseñamos a sentir. Las emociones son como semillas: que, al cultivarlas, entenderlas y cuidarlas, florecen como empatía, autocontrol, paz, etc.; si se ignoran o se reprimen, pueden convertirse en enojo, ansiedad o tristeza, entre otras.
La educación emocional no es responsabilidad del colegio, sino del hogar. Allí los hijos aprenden a nombrar sus emociones observando cómo los padres viven las suyas. Por eso, enseñarles a los hijos requiere que primero los adultos sean capaces de reconocer y gestionar sus propias emociones, de esa manera pueden convertirse en entes correguladores de las emociones de los más pequeños.
Enseñarles a los chicos a identificar, expresar y manejar lo que sienten no fortalecerá solo su mente, sino también su espíritu. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida. Proverbios 4:23 (RVR1960)
La ciencia en el sentir
La neurociencia ha demostrado que los niños que aprenden a reconocer y regular sus emociones desarrollan mayor autocontrol, empatía y resiliencia. El psicólogo Daniel Goleman llamó a esto inteligencia emocional y señaló que influye más en el éxito y bienestar de una persona que su coeficiente intelectual. Cuando un niño logra ponerle nombre a lo que siente, su cerebro activa zonas de regulación emocional (como la corteza prefrontal), reduciendo la impulsividad y mejorando la toma de decisiones.
En otras palabras: un niño que puede hablar de lo que siente es un niño que aprende a manejar su mundo interior.
Estrategias prácticas para los padres
- Poner nombre a lo que sienten. Cuando tu hijo esté molesto o triste, no lo regañes o corrijas de inmediato. Primero, ayúdalo a reconocer lo que le pasa: “Veo que estás frustrado porque no salió como esperabas”. Nombrar la emoción le enseña lenguaje emocional y calma su sistema nervioso.
- Validar antes de corregir. Antes de dar una lección, muestra comprensión: “Entiendo que estés enojado”. Luego orienta: “Pero golpear no es la forma. Vamos a buscar otra manera”. Validar no significa aprobar el comportamiento inadecuado, sino enseñar que todas las emociones son válidas, pero no todas las acciones lo son.
- Modelar autocontrol. Los hijos aprenden más de lo que observan que de lo que escuchan. Si tú gritas, ellos gritarán (por activación de las neuronas espejo). Si tú respiras profundo y hablas con calma, aprenderán que es posible hacerlo. La regulación emocional empieza en los padres.
- Crear un espacio emocional seguro. Los niños necesitan sentir que pueden hablar sin miedo a ser juzgados. Puede ser un momento del día para conversar, un rincón tranquilo, una oración en familia. Ese reducido espacio se convierte en un refugio emocional donde aprenden que no están solos.
- Conectar las emociones con la fe. Dios no reprime nuestras emociones, las REDIME. Jesús lloró, se enojó y también se alegró. Enseñar a los hijos que sentir no es debilidad, sino parte de la humanidad creada por Dios, los conecta con un Dios que comprende su mundo interior. El Señor está cerca de los quebrantados de corazón. Salmos 34:18a (NVI).
Educar el corazón
Educar emocionalmente no es eliminar emociones complejas, sino enseñar a enfrentarlas con sabiduría y esperanza. Así como guiamos a nuestros hijos a conocer a Dios, también los orientamos a conocerse a sí mismos. Cuando un niño aprende a manejar sus emociones, puede enfrentar la vida con paz, empatía y fortaleza espiritual.
El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Gálatas 5:22-23 (RVR1960)
Reto para esta semana
La próxima vez que tu hijo tenga una emoción intensa, no reacciones: acompaña. Respiren juntos, valida lo que siente y pon nombre a la emoción.
Educar el corazón toma tiempo, pero cada momento de conexión siembra raíces profundas de amor y fe.
Por Licda. Claudia Barrientos, Psicóloga Clínica, Grupo Mejora, “Fe y ciencia para servir con excelencia”.


