Todo me es permitido, pero no todo me conviene

Mi mejor prédica inició el 17 de junio de 1995, y el 2 de noviembre de 1997 me convertí a Jesús a causa del testimonio de vida de mi esposo.

Las acciones siempre demuestran que las palabras no significan nada

Dos años de noviazgo y dos meses de casados con mi esposo me bastaron para rendirle mi vida a Jesús y darme cuenta de que todo me era permitido, pero no todo me convenía. Yo llevaba una vida vacía sin Jesús.

Su Palabra dice: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”. (1 Corintios 10:24) Y ahí mismo se nos revela el reino de Dios y su justicia: cuando permitimos la soberanía de Dios en nuestra vida. Cuando reconocemos que sin Él no somos nada y nos convertimos en la mejor carta de amor para los demás.

Para nuestros hijos nos convertimos en una carta abierta viviente que ellos leen y observan nuestras acciones. Nuestros hijos necesitan ver a Jesús vivificado en nuestra vida para que el día de mañana puedan tomar buenas decisiones. Se van a equivocar, sí: y muchas veces; pero ahí estaremos nosotros para abrazar, perdonar y amar como lo hace Jesús.

Su Palabra nos declara: “Siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Corintios 3:3).

¿Qué leen tus hijos en ti?

Tu vida los debe incomodar e inspirar de tal manera que quieran buscar lo correcto y ser diferentes. La Palabra dice: “no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá. Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión” (Números 14:23-24).

Inspiremos a nuestros hijos a ser diferentes para que comprendan que todas las cosas son lícitas, mas no todas convienen; y para que no se dejen dominar por las corrientes de su generación. De esta manera fomentaremos en ellos una generación valiente y segura de su fe y sus convicciones.

 

Taryn Recinos

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