Maternidad una vocación

He aprendido que para ejercer una buena maternidad no solo es necesario tener vocación de madre. También se deben aprender ciertas habilidades que nos ayudan a mantener una buena relación con nuestros hijos porque a partir de estos vínculos los niños se sentirán seguros, amados y confiados.

Soy madre biológica de tres niños y dos bebés temporales. Cada uno de ellos ha llegado a mi vida para enseñarme muchas cosas, entre ellas crear una conexión madre-hijo. He aprendido que cada uno tiene necesidades y lenguajes de amor diferentes, por lo que no puedo tratarlos de la misma manera. Normalmente esta relación inicia desde la concepción, donde sentimos que somos esperados, cuidados y amados; sin embargo, en algunas ocasiones, y por diferentes razones, algunos bebés no han tenido esa conexión con sus mamás biológicas, por lo que para mí es una bendición poder proporcionales una relación sana donde tengan un apego seguro. Ellos tienen una madre que con la ayuda de Dios suplirá sus necesidades físicas y emocionales.

Aún no sé cuándo los bebés temporales partirán a su nuevo hogar, pero durante el tiempo que permanezcan en mi familia quiero que se sientan amados y aceptados, con sus habilidades y desaciertos, así como nuestro Padre Celestial nos acepta y ama a cada uno de nosotros; y quiero que mis hijos sepan que, aunque fallen, tienen un lugar donde se les ama y al que pueden regresar y ser perdonados y restaurados con amor. Pienso que este es el tipo de relación y amor incondicional que necesitan nuestros hijos para que cuando tengan un problema sepan que pueden acudir confiadamente a nosotros.

En Éxodo 2: 8-10 (NVI) leemos: “—Ve a llamarla —contestó. La muchacha fue y trajo a la madre del niño,  y la hija del faraón le dijo:—Llévate a este niño y críamelo. Yo te pagaré por hacerlo. Fue así como la madre del niño se lo llevó y lo crió.  Ya crecido el niño, se lo llevó a la hija del faraón, y ella lo adoptó como hijo suyo; además, le puso por nombre Moisés, pues dijo: «¡Yo lo saqué del río!»”.

En este pasaje bíblico aprendemos la importancia de las relaciones entre madre e hijos. Vemos en Jocabed un ejemplo de madre gracias a su relación madre-hijo con Moisés. A pesar de que casi no se habla de ella y que no hay muchos detalles de la niñez de Moisés en la Biblia, ella no solo lo amamantaba, también lo bendecía, lo acariciaba tiernamente y le impartía la Palabra de Dios. Por eso después vemos los frutos y los resultados en la vida de Moisés ya en su vida adulta. Comprendemos que durante el corto tiempo que estuvo con su madre, ella logró impactar su vida y sembrar la semilla del amor a Dios en su corazón. Más adelante Moisés llegó a ser el líder de Israel, escogido por Dios para liberar a Su pueblo de la esclavitud y guiarlo por el desierto.

Nuestra meta como madres debe ser crear lazos profundos donde los niños sean escuchados y comprendidos. Sabemos que esto requiere de amor y paciencia, pero con la ayuda de Dios podremos alcanzar relaciones familiares bendecidas. Mi oración es que el tiempo que educo a mis hijos sea de bendición para sus vidas y que puedan cumplir los propósitos de Dios.

Ginneth Molano de Elías

 

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