Honestidad para todas las edades

Estamos familiarizados con la clasificación de las películas que vemos o que ven nuestros hijos 7+, 10+, todo público, mayores de 18, etcétera. Dicho sea de paso, lo más recomendable sería que siempre revisemos la edad a la que están dirigidas. También podemos revisar la sección para padres en donde encontramos información sobre violencia, drogas, escenas de peleas o demás contenido dentro de la película. La razón de colocar esta clasificación sabemos que se refiere a las escenas que de acuerdo con la edad los niños y adolescentes se recomienda que puedan ver o no.

Pensemos en otro ejemplo del día a día: ¿cómo compramos la ropa para nuestros chicos en sus primeros años? La buscamos de acuerdo con su edad.

Hoy hablaremos de la honestidad, un valor sumamente importante en la crianza de nuestros hijos. Y con la introducción en donde hablamos de las cosas que hacemos de acuerdo con la edad, este valor debe ser trasladado de la misma forma. Vamos a detallarlo desde los más pequeños hasta los grandes.

Empecemos con nuestros chicos de entre 2 y 4 años. Iniciamos con esta edad porque en su mayoría ya pueden comunicarse de forma más expresiva y sin duda conocen muchas palabras en su vocabulario. El momento clásico es un adorno de la sala que aparece misteriosamente quebrado. Y cuando preguntas a tus hijos quién fue, si ellos son dos, el de mayor edad culpará al de menor.

Todos los pequeños momentos son importantes para enseñar lecciones a nuestros hijos, no los pases por alto. ¿Qué debo hacer? Pídeles que te digan la verdad y no estarán en problemas. Evita amenazar o enojarte demasiado, no olvides que tus hijos son más importantes que tu adorno preciado. Respira y busca enseñarles que deben diferenciar lo bueno de lo malo. Para este ejemplo lo malo sería decir una mentira y culpar al hermano, la mascota, etc. Lo bueno es reconocer: “Mami, yo tiré un juguete, el adorno estaba allí y se cayó”.  

Como padres la primera pregunta que hacemos es quién fue. Debo decirte que no es lo correcto. Si tú no lo viste, no coloques a tus hijos como jueces. ¿Qué versión creerás para tomar una decisión? No puedes tener cámaras en toda tu casa y revisar los hechos. Desde temprana edad ellos deben diferenciar qué es decir la verdad y poco a poco desarrollar confianza en ellos para decirte lo que realmente ocurrió.

Todo acto tiene una consecuencia, pero deben saber que si hay una mala acción seguida con una mentira esto es una mala combinación y las consecuencias no son buenas. Aunque digan la verdad, el adorno no se vuelve a pegar ni siquiera con la goma más resistente, pero la confianza y honestidad de tus hijos sí la puedes afirmar.

Con chicos más grandes y adolescentes la historia no es diferente. Dios nos ha dado a los padres un sentido de alerta cuando nuestros hijos están diciendo una mentira o exagerando la verdad. De igual forma es una mentira. La mayor escuela es tu ejemplo como padre. Si ellos te ven inventando historias de por qué llegaron tarde al trabajo, tus hijos las inventarán también.

En varios libros he visto técnicas de cómo identificar una mentira en áreas laborales, por ejemplo. Un estudio dice que tendemos a mentir en los primeros diez minutos de conocer a alguien. Por seguridad nos inventamos otro lugar de donde venimos o si llegamos en carro, negamos tener o hacer. Las personas solemos mentir entre diez y doscientas veces al día puesto que solemos decir partes de la verdad. Es decir, decimos aquellas frases que la gente quiere escuchar, las que se consideran socialmente aceptables.

Haz de tu día a día un ejercicio de quitar mentiras en tus conversaciones. Con esto no estoy diciendo que reveles tu dirección y teléfono a un desconocido. Te darás cuenta de que no necesitas mentir. En ocasiones, aunque resulte incómodo, con toda confianza puedes decir: “Yo no lo conozco no le puedo decir donde vivo, pero sí resido en la ciudad”.

Nuevamente, anima a tus hijos a diferenciar la verdad de la mentira. Si están viendo una película o programa que involucre una situación similar, haz preguntas sobre qué era lo correcto hacer y por qué crees que les fue bien o mal a los personajes.

Evita acusar o recordar incidentes para enseñar de nuevo una lección o hacerlos recapacitar. Pienso que aún a un adulto no puedes hacer que recapacite de sus actos, poniéndolo contra la pared. Tu objetivo en las conversaciones es ayudar a tus hijos a no perder de vista la verdad y siempre jugar limpio.

Busca los momentos y situaciones en donde puedas inculcar a tus hijos a que aprendan qué significa ser honesto. Te dejo algunas ideas: los honestos son honrados, honorables, auténticos, íntegros, transparentes, sinceros, francos, valientes.

Desconozco la etapa en la que se encuentran tus hijos, pero te invito a que busques la mejor forma, de acuerdo con su edad para enseñar acerca de la honestidad.

 

Maru de Jeréz

 

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