Fe y familia

La fe como un cultivo familiar en la vida diaria

En estos tiempos en que se vive siempre de prisa y llenos de rutinas diarias, es importante reflexionar sobre la importancia de cultivar la fe en familia. Antes de eso, me hace pensar en lo importante que es fortalecer nuestra relación con Dios, primero individualmente y luego como padres que vamos a transmitir esa fe a nuestros hijos por medio de nuestro testimonio.

Para cultivar nuestra fe en familia debemos procurar un tiempo específico para leer y compartir juntos la Palabra de Dios, orando unos por otros y sirviendo juntos a Dios. En mi familia hemos pasado por muchos momentos difíciles. Ha sido a través de la oración constante a Dios, en esos momentos de intimidad con Él que hemos recibido fortaleza y paz.

Entonces, primero debemos fortalecer nuestra relación con Dios individualmente porque damos de lo que hay en nuestro interior, y si no estamos fortalecidos en la fe, no podremos transmitir esa fe a nuestros hijos. No importa la edad que tengan tus hijos, el ejemplo que les demos, las palabras, la fe que les transmitamos hará que aprendan a buscar a Dios, a confiar en Él y en que Su voluntad para nosotros siempre será buena, más allá de las circunstancias que estemos pasando.

En Hebreos 11: 1 dice: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Y es así, la fe es creer, tener la certeza de que Dios actuará a favor nuestro siempre, y que Sus planes son perfectos para nosotros y para nuestros hijos.

Mediante la oración y comunión con Dios, he sido fortalecida, Él me ha llenado de Su perfecta paz teniendo la certeza que tiene cuidado de nosotros. Eso me ha ayudado para que, en los momentos en que mis hijas necesitan esa palabra de fe y oración, pueda transmitírselas y orar por ellas. Juntos hemos visto a Dios obrar y Él es quien nos ha mantenido unidos, buscando Su presencia.

Asimismo, compartimos momentos con la Palabra de Dios y hemos resuelto sus dudas; inclusive, compartimos la Santa Cena en familia, le presentamos nuestros planes a Dios creyendo que los veremos hechos realidad con su ayuda y juntos hemos sido testigos del cuidado de Dios para nosotros y hemos visto respuestas a las peticiones, siendo concedidas por Dios.

Así que, aunque la vida se ha vuelto muy corrida y llena de rutinas, algo esencial es mantener la comunión con Dios, apartar un momento en familia donde no se hará nada más que compartir de la Palabra de Dios; inclusive que tus hijos tengan la confianza de exponer sus peticiones y necesidades y juntos creerle a Dios. De esa cuenta, aunque haya adversidades, podrán ver milagros en sus vidas, tendrán una familia fortalecida en la fe, unida en un mismo sentir y procurando agradar a Dios siempre. Así como Timoteo heredó la fe de su abuela Loida y su madre Eunice, así heredarán tus hijos y tus generaciones esa fe si se mantiene como un cultivo familiar. Cree solamente, busca a Dios en todo momento y tus ojos lo verán.

Por Gladys de Boteo

 

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