Disciplina con amor

Tengo la dicha de ser madre de dos hijos, cada uno con diferentes personalidades.

El nacimiento de mi primogénita fue para mí algo para difícil de emprender, los temores y la incertidumbre me invadían y empecé a cuestionarme: ¿qué haré ahora? Muy dentro de mí comprendía la gran responsabilidad que venía acompañando a tan preciosa bebé.

Cuando mi hija cumplió 3 años me invitaron a asistir a mi primer encuentro en la iglesia cristiana Casa de Dios. Entre los temas que nos impartieron, me impactó uno que hablaba sobre madres e hijas. La información que recibí ese día fue transcendental para mi existencia, pues desde entonces me di cuenta de que estaba educando a mi niña de forma incorrecta, basándome absolutamente en mi criterio personal y reducido entendimiento; y no en la manera en que la luz de la Palabra de Dios enseña.

De hecho, cometí infinidad de equivocaciones. Tenía comportamientos con ella que no eran los adecuados en su instrucción básica. Es cuando empezó para mí una vida llena de desafíos porque temía ser para ella un modelo o referente inadecuado. Dios me entregó un libro vacío sobre el cual debía escribir y fundamentar la enseñanza que recibiría mi hija. Esto se convirtió en un reto absoluto. Lo principal era empezar a poner toda mi atención en instruirla, no solo con palabras, sino también con mis actitudes; además de oír, leer y cumplir lo que nos enseña la Biblia. Educarla para que pueda obedecer y conocer el único amor que no se agota: el amor de nuestro Padre Celestial.

Recuerdo que desde muy pequeña, con sus propias dificultades, ella entraba a su cuarto y en ocasiones se ponía de rodillas para orar. Yo sabía que algo la preocupaba, pero me llenaba de gozo comprender que acudía a la fuente que nos puede ayudar en medio de cualquier situación: nuestro amado Dios.

La buena relación y educación a nuestros hijos empieza desde que nacen. Y hay que iniciar bien.

La Palabra de Dios nos enseña la manera en que debemos educar a nuestros hijos. Nos proporciona la luz para guiarlos a la verdad. Proverbios 22:6 nos muestra la responsabilidad de instruirlos en su camino, en la única senda que nos provee nuestro Dios Padre; y cuando sean adultos, jamás se apartaran de ella.

Muchos padres hoy se preguntan “¿En qué me equivoqué?” al observar actitudes negativas o de rebeldía sus hijos. No es fácil ser padres, sin embargo, existen principios y consejos básicos de mucha utilidad encontrados en la Palabra Dios. Deuteronomio 6:6-7 nos muestra que el tiempo de calidad con nuestros hijos inicia con mostrarles cómo nosotros, los padres, respetamos, obedecemos y guardamos la Palabra de Dios para luego repetírselas en casa, andando por el camino, al acostarnos, cuando nos levantamos… Sabernos comunicar con ellos, implica escucharlos sin alarmarnos de lo que puedan estar transmitiéndonos.

Santiago 1:19 nos motiva a ser prestos en cuanto al oír, lentos en cuanto al hablar y lentos en cuanto a la ira. Si aplicamos esto en nosotros, los resultados serán sorprendentes.

Disciplinar con amor y elogios es primordial para fundamentar la autoestima. Colosenses 3:21 nos explica que no debemos exasperar a nuestros hijos para que ellos no se desalienten. ¡Imagínense desalentar a nuestros hijos! Esto no se escucha para nada bien.

Dejemos que sea Él el Padre Celestial que reine en nuestro hogar. Que Su Palabra sea lámpara a nuestros pies, lumbrera en el camino. Pídele ayuda y te socorrerá con el amor inagotable que solo Él puede dar.

Roxie Rodas de Pérez

 

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