Comunicación efectiva en la familia (parte II)

Tal como les mencioné en mi blog anterior, para tener una buena y efectiva comunicación con la familia debemos reconocer que todos somos diferentes y vemos las cosas de forma distinta. Esto es vital para saber cómo comunicarnos.

Mis hijas tienen personalidades muy diferentes y opuestas. He aprendido a conocerlas a lo largo de los años junto con sus cambios; y a escucharlas y comunicarme con ellas de forma diferente.

Cuando escuchas a tus hijos, a tu cónyuge, a tus padres, a tus hermanos y, en resumen, a cada miembro de la familia; y tratas de hablar con ellos sobre lo que piensan, sobre sus sueños, y sobre sus mejores y peores momentos, es más fácil que sientan empatía y mejore la comunicación.

Algo que he aprendido también es que, si en un hogar hay conflictos, muchos de ellos son por una mala comunicación o falta de ella. Actitudes, gestos, palabras que de pronto nos ofenden o nos hieren y que, si no lo hablamos, nos hacen pensar en cosas negativas y alejarnos de quienes provinieron. Eso es precisamente lo que el diablo quiere: dividirnos, alejarnos unos de otros. Por eso es tan importante buscar el momento adecuado para hablarlo y no permitir que haya división o distanciamiento con nuestros seres queridos.

Toma en cuenta que para hablar de lo que te molestó o hirió a ti o a algún miembro de la familia, antes debes tranquilizarte. Debes pedirle a Dios sabiduría para saber el momento indicado para hablar porque cuando hablamos con enojo en nuestro corazón decimos cosas que no queremos ni debemos decir, lo cual se vuelve una bola de nieve que va creciendo con el paso de los días. También pídele a Dios de Su gracia y favor para que cuando hables con alguien de tu familia —ya sea con tu cónyuge, hijo, hermano, mamá o papá— esa persona pueda recibir el mensaje de manera correcta. Si esa persona te hirió, busca a Dios en oración, sana tu corazón y luego habla con ella.

Luego de casarme con mi esposo pasaron varios años en que tuvimos diferencias y nos enojábamos el uno con el otro. Ambos somos muy diferentes; de hecho, opuestos totalmente en nuestra forma de ser. En mi afán de arreglar las cosas y aclararlas buscaba hablar con él, pero no lo hacía de la forma correcta ni en el momento adecuado. Yo le hablaba y él entendía algo totalmente diferente a lo que yo quería expresarle. Fueron muchos días difíciles en que le pedimos a Dios que nos ayudara. Generalmente a los hombres no les gusta hablar de sus problemas o de ciertos temas, pero si buscan la dirección de Dios, Él les ayudará.

Actualmente tenemos 25 años de casados en los que he aprendido a conocer a mi esposo. Hay momentos en que ellos necesitan tiempo a solas para tranquilizarse y procesar lo que piensan o sienten. Por ejemplo, con mi esposo, sé cuando algo le molestó; entonces espero a que esté más tranquilo para hablarle del asunto. No es fácil y es un proceso en el cual siempre aprendemos, pero que vale la pena si queremos lograr una buena y efectiva comunicación en familia.

En Proverbios 4:23 dice: Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida. Tiene tanta sabiduría este versículo porque cuando tu corazón está herido, lastimado y te sientes desanimado, triste y hasta enojado, tu rostro cambia y tu forma de ver las cosas también; y hasta podrías guardar rencor en tu corazón, lo cual envenena tu alma y todo tu ser. Por eso es tan importante guardar tu corazón en todo momento y, si alguien te hirió, buscar a Dios para que Él sea quien lo sane, restaure, llene de Su perfecto amor y te ayude a perdonar. Eso traerá paz a tu vida y vivirás más tranquilo.

En conclusión, esfuérzate cada día por mejorar la comunicación con tus seres queridos. Busca conocerlos mejor cada día, entenderlos y aceptarlos. Deja a un lado las diferencias, perdona y busca a Dios en oración. Él te dará lo que necesitas en el preciso momento.

Espero que este blog haya sido de bendición para tu vida. Mi deseo es trasladarte lo que Dios me ha permitido aprender y, si te sirve, que lo puedas aplicar en tu vida. Doy gracias a Dios por eso.

¡Dios te bendiga!

Gladys de Boteo

 

 

 

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